La Historia de Rob

Rob Garibaldi: el Béisbol Era su Vida
Presentado por: Denise y Ray Garibaldi

Al haberse elevado la competencia a niveles de éxito sin precedentes, nuestros jóvenes son receptores de un mensaje implícito: que para ser competitivos y exitosos en los deportes, para ser más grandes, más rápidos y más fuertes, para tener la ventaja de fuerza y potencia agregadas, los suplementos para mejorar el rendimiento atlético y/o los esteroides anabólicos son una necesidad. Hoy ante ustedes, mi esposo y yo damos testimonio del uso de suplementos y esteroides que hizo nuestro hijo, ya fallecido. Aunque se ha documentado que los esteroides anabólicos cobran un alto precio en la salud de una persona, muy pocos se dan cuenta de los efectos más insidiosos o mortales del consumo de esteroides.

Sólo hasta hace poco se han dado cuenta de que la ingesta de estos suplementos promueven una mentalidad que provoca el consumo posterior de esteroides. Esta mentalidad se fija a una edad temprana. Nuestro hijo era como tantos otros chicos. Un extraordinario chico multifacético, creció jugando en las Ligas Menores imitando a sus héroes favoritos del deporte y soñaba que iba a llegar a las Grandes Ligas. Ya en la secundaria, Rob fue animado por sus entrenadores y cazatalentos que lo seguían para que incorporara a un programa de entrenamiento para crear masa muscular algunos suplementos y otros compuestos para aumentar de peso. A la edad de 15 años, con una estatura de 5' 9" y un peso de 130 libras, y jugando en un equipo de cazatalentos patrocinado por los Ángeles de California, Rob fue motivado por los que trabajaban con él para que levantara pesas, se pusiera en forma y tomara suplementos dietéticos y que "hiciera algo más" para aumentar de peso.

En efecto, le estaban proporcionando Creatina, un suplemento dietético de venta libre, así como compuestos para aumentar de peso y proteína en polvo. A los padres nos dijeron que eran similares a las vitaminas. No había razón para que cuestionáramos a las personas a quienes habíamos confiado a nuestro hijo. Era próspero, feliz y exitoso. Aquellos que trabajaban con él formaban parte de su éxito. A los 21 años, a Rob se le había dicho frecuentemente que con excepción de su talla (5' 11" y 160 lb), tenía todo el potencial para ser beisbolista. Su bateo, velocidad al correr, fuerza para hacer lanzamientos y destrezas defensivas se consideraban excelentes. Se le dijo que la única forma en que podía mejorar su juego era "al volverse más grande".

Decidido a lograr su meta, Rob escuchó y tomó la medida que lo llevó a lo que creía era necesario. Cuando los suplementos y ejercicios no produjeron los resultados deseados, Rob decidió recurrir a los esteroides. De acuerdo con Rob, la primera vez que consiguió esteroides fue por medio de su entrenador de la USC, cuyo nombre nunca reveló. Con un gesto de complicidad, mantuvieron esto en secreto.

El deseo y la necesidad de verse más corpulento, más fuerte y evitar la pérdida de masa muscular que ya había ganado, lo incitaron a continuar usando esteroides. Con el tiempo, Rob aumentó 50 libras y se convirtió en la persona arrolladora que prometían los esteroides. Aunque le planteamos a Rob el tema de su aumento de peso, la masa muscular de su torso, la calvicie con patrón masculino, el acné en su espalda y hombros, así como esa ira irracional e incontrolable, continuó negando que consumía esteroides.

En principio, no sospechamos de abuso, porque Rob siempre había sido categórico en cuanto a no poner en riesgo su salud o capacidad mental. Nos enteramos por primera vez que Rob consumía esteroides después de su primera admisión en el hospital. Lo retuvieron contra su voluntad en los Servicios Psiquiátricos de Emergencia de Santa Rosa, California, tras haber agredido a su padre y amenazado con suicidarse. Ahí fue donde Rob admitió tres ciclos de 9 semanas en un período 2 años. Posiblemente se estaba inyectando con una frecuencia de 3 veces por semana. Soy psicólogo clínico de profesión. Gracias a toda mi formación, capacitación y experiencia, estaba preparado para ver los efectos adversos de los esteroides, a diferencia de muchos en la rama médica. Hicimos todo lo que pudimos por salvar a nuestro hijo.

Una de nuestras mayores preocupaciones es que sólo un entrenador relacionó los efectos secundarios adversos de los esteroides al cambio de carácter de Rob. Nadie, con excepción de su psiquiatra, sabía de los peligros a la salud y síntomas psiquiátricos asociados para reconocerlos a medida que se desarrollaban. Cuando los esteroides realmente causaron una discapacidad, el carácter y la conducta de Rob cambiaron drásticamente. El equipo de entrenadores de la USC lo rechazó por "problemas de comportamiento". Antes de eso, Rob nunca había tenido problemas de comportamiento. Los entrenadores a este nivel tan superior de juego no sabían cómo se veía un chico que consumía esteroides. No obstante, aunque Rob sabía de los peligros de los esteroides, aun así seguía dispuesto a tomar el riesgo.

"El béisbol es vida" se leía en una de las camisetas favoritas de Rob. Pero el béisbol no es la vida. EL BÉISBOL ES UN JUEGO. Hoy hablamos para ver que la vida acortada de Rob y su muerte prematura podrían servir de alerta a los padres, entrenadores y deportistas en todos los niveles del deporte. Los esteroides son drogas, drogas peligrosas. Nuestros hijos están en serio riesgo de salir lastimados por estas drogas.

No nos engañemos. Los chicos consumen esteroides porque funcionan… y funcionan bien. Los resultados físicos son rápidos. Los estudiantes de secundaria y universitarios sienten el deseo de verse bien. Existe una enorme presión para hacer lo que sea por lograr sus metas de ser más corpulentos, fuertes, rápidos. Tanto hombres como mujeres aumentan su masa muscular y tienen esa sensación de euforia por tener superioridad deportiva o un cuerpo perfecto. Una vez que los compañeros de equipo comienzan a consumirlos, otros pueden sentir la necesidad de hacerlo a fin de ser competitivos. El consumo de esteroides proporciona una ventaja competitiva, pero es un engaño conforme a todos los patrones éticos.

Los estudios indican que la demanda de esteroides continúa creciendo y no se ha visto disuadida por los eventos recientes. Conscientemente o no, nuestros hijos se ven presionados a usar esteroides. Para hacer sus sueños realidad, nuestra juventud absorbe la influencia y el ejemplo de quienes les sirven de modelo. El béisbol de las Grandes Ligas fija la marca cada vez más alto. "Si no los consumes, no estás tratando lo suficiente", una frase que ha invadido el pensamiento. Es común que los entrenadores se hagan los desentendidos y que los padres presionen a sus hijos para obtener becas. Muchos entrenadores se atribuyen a sí mismos el éxito de sus deportistas, pero niegan su responsabilidad cuando el jugador fracasa. Estos mismos entrenadores necesitan aceptar la responsabilidad de fomentar e influir en la salud y el bienestar de sus jugadores. Estos jugadores tienen una vida por vivir después del béisbol, fútbol, atletismo, animación de juegos, etc.

La actitud de victoria a toda costa que prevalece en la actualidad en todos los niveles del deporte, desde los chicos en la preparatoria hasta los profesionales, se ha convertido en un juego demasiado peligroso para nuestra juventud. Para terminar, es importante saber lo siguiente:
•  La ingesta de lo que muchos consideran benigno, los suplementos dietéticos para mejorar el rendimiento atlético, fomenta una mentalidad que posteriormente conduce al consumo de esteroides.
•  Los síntomas psiquiátricos que se asocian a la interrupción del consumo de esteroides persiste durante un año o más después de dejarlos.
•  Cierto porcentaje, aún no determinado, de consumidores de esteroides se vuelven adictos, como lo demuestra su consumo constante de esteroides, a pesar de los problemas físicos o psicológicos, irritabilidad, ira, depresión y efectos negativos en las relaciones interpersonales.
•  Beber alcohol o tomar alguna otra droga, incluidos los medicamentos recetados, agrava los efectos adversos de los esteroides.
•  El efecto más peligroso de los esteroides es el suicidio. Sabemos, sin lugar a dudas, que los esteroides mataron a nuestro hijo.